Iglesia

Spotlight

Spotlight

Qué sobria, qué bien estructurada y qué necesaria es Spotlight. Con un gran tema, basado en hechos reales, y un reparto de excepción, la de McCarthy ya apuntaba maneras, y desde luego, ha sabido aprovechar todo lo que tenía a su alcance. La ejecución y el conjunto es sublime.

No es fácil hacer una película en la que se ataca directamente a la Iglesia, pero lo mejor de Spotlight es que no hace uso de este verbo. Una investigación periodística sobre el abuso de menores sin necesidad de aditivos más allá del propio profesionalismo y sin caer en ningún momento en el morbo o los recursos fáciles, consigue rellenar dos horas de largometraje con un ritmo equilibrado que no permite desconectar de lo que se cuenta.

Con una aparente sencillez por bandera, Spotlight tiene su punto fuerte en un reparto que se complementa a la perfección con la historia. Desde un Keaton de lo más sobrio y correcto a un Ruffalo potente y camaleónico que se gana a pulso su nominación al Oscar.

Spotlight no da tumbos entre varios géneros. Es un claro drama que muestra lo necesaria que es la profesión periodística, sobre todo cuando lo que se investiga es tan delicado que ni la justicia quiere tocarlo. La denuncia es fundamental, y Spotlight consigue, sin necesidad de convencer con artilugios, hacer ver la gravedad del problema.

La de McCarthy es de esas películas que al terminar te dejan tocado, en silencio y con un nudo en el estómago. Por la crudeza, porque lo que cuenta es real y porque sabemos que aunque haya pasado más de una década de los hechos, hoy siguen ocurriendo cosas similares.

Calificación 5

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